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él”, dijo Monsi, ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes, máximo galardón que brinda el Estado.
Los creadores han servido muy bien para engalanar agendas, itinerarios y compromisos políticos. Siempre será bien visto invitar a algún artista a una toma de protesta, a una campaña, a un partido, a un discurso, a una marcha. Las delegaciones, los municipios, incluso los barrios, cuentan con un presupuesto para solventar el rubro relacionado con la cultura, como parte del desarrollo social. Dentro de los cincuenta Compromisos de López Obrador, hay varios referentes al impulso de las artes, la cultura (14, 15 y 16) y la educación (del 9 al 12) y evitar el crecimiento del “aparato burocrático” y su “altísimo costo” para la sociedad (38).
Esperemos que así sea, pues ante los recursos asignados para la cultura y las artes, todos quieren una rebanada del pastel: altos funcionarios culturales, burócratas del arte, artistas, creadores, autores y hasta el público asistente a toda clase de eventos. Unos quieren oficinas más grandes y acondicionadas, otros buscan “escalafonar” a como dé lugar para obtener un sueldo más alto, otros más quieren la beca, el estímulo, el premio; algunos sólo piden apoyo para una edición, una puesta teatral, un escenario digno para bailar o tocar. El público se conforma con la gratuidad del evento, el desmadre en el Zócalo, el vino de honor de gorra y, si se puede, un librito “de a grapa”. Dinero hay. Basta ver la cantidad de eventos en la ciudad publicitados en todos los medios. Busque usted un evento cultural cualquier día y lo encontrará. Pareciera haber más poetas que médicos o profesores. Parecieran publicarse más libros de los que se leen. Todo esto es perfecto, siempre y cuando no se haga para dar coba al Estado y su “rescate de nuestra identidad”, su “riqueza de nuestra cultura” y más parafernalia demagógica y vacía, pues ya se ha hablado mucho del nivel cultural, educativo y lector del mexicano promedio, sumido en la alienación de valores propuestos por la televisión comercial que es, a su vez, remedo de la gringa. En este sentido, es tan laudable la creación del canal de la Universidad Nacional Autónoma de México que ya se encuentra al aire dentro de la televisión por cable. Que sea una difusión cultural de verdad, que realmente llegue a todos como una forma de vida, no como un programa político-cultural.
En nuestra sociedad se ha visto la figura del artista de una manera despectiva. Ah, es un poeta romántico. Ese güey que le hace al teatro. A ver tú, componle una canción a mi novia. Se me hace que eres bailarín. Los artistas mismos tardan años en asumirse como tales. Es orgullo indudable decir soy abogado, soy ingeniero; no, escritor, pintor. Los dichos también tienen su carga peyorativa: “De músico, poeta y loco todos tienen un poco”, “Lleva la música por dentro”, “Tú, que en el aire las compones…”. Se olvida que los creadores pueden ser también editores o productores prestigiados, pueden ser catedráticos universitarios, empresarios culturales, líderes de opinión y personas influyentes en las transformaciones sociales y hasta políticas.
Ha pasado la época en que artista era una diva vestida estrafalariamente, un jipioso piojoso, un greñudo alborotador, un anárquico sin remedio, un anacoreta en la luna, el que vive en el topus uranus, en las nubes, en su burbuja idealista, en su torre de marfil. El verdadero creador de arte debe ser comprometido, disciplinado y trabajador. Consciente y crítico de su obra, de su discurso, de su papel social. Aunque no deberá abandonar jamás su lado metafísico, lúdico y transformador. Para nacer hay que romper un mundo. Hay que destruirlo para crear uno nuevo. Hay que seguir algunos de los consejos del “Credo” de Kerouac: “Sé un loco santo silencioso de la mente.
Sopla tan hondo como quieras soplar. Como Proust, sé un viejo dopado del tiempo. Acepta perder para siempre. Composiciones salvajes, indisciplinadas, puras, brotando desde abajo, cuanto más locas mejor. Eres un genio todo el tiempo”.
En este desorden de ideas, ojalá que Monsiváis aparezca de nuevo al lado de La Tetona Mendoza y El Peyote Asesino, ojalá que los artistas sigan practicando tiro al blanco con la esposa, sigan viajando de autostop para conocer el mundo y conocerse a sí mismos, no importa si es por medio del alucine psicotrópico, del delirium tremens, de la anarquía suicida, de las suripantas, de la sinrazón, de ingeniosas perversiones o de una temporada en el infierno. “Hay que vivir absurdamente para no sentir el absurdo de la vida”, escribió Cortázar. De cualquier manera; si eres artista, quizá te vuelvan a llamar mugroso |